Este año, no tenía ganas.
Las vacaciones han sido breves.
(Aunque tres semanas parezcan mucho).
Y muy intensas.
Estaba tan a gusto haciendo mis cosas, a mi ritmo, a mi aire…
Cuidándo(me), recuperando(me), reordenando(me), cicatrizando(me) de un año raro, especial, mágico y, en conjunto, más bueno que malo.
Un año cócktel, que después de agitado y servido, frío, muy frío, como las buenas cañas, me ha dejado un sabor maravilloso.
Me sabe a reencuentros.
A descubrimientos –de personas, de lugares, de música, incluso de mí-.
Sabe a canciones, a conciertos, a cuentos, a cuadros…
A nieve, salitre, lluvia, charcos y tardes al sol.
A excusas compartidas como principio, y planes por sí mismos al final.
A sonrisas llenas de vida y ojos brillantes…
A madrugadas de insomnio (a veces con un nudo en el estómago, a veces deshaciéndolo).
Sabe a reincidencias…
Y sobre todo, a esperanza y a certeza: No es más que el principio de los días que vendrán, de los Grandes Días que vendrán para seguir mezclando momentos que sepan alegría…
Y para empezar con buen pie, volvemos a la carga con un CONCIERTO que pinta MUY bien, y sonará mejor:

David Moya y Manzanero en la CAFETERÍA LIBRERÍA ÍTACA el miércoles 2 de Septiembre sobre las 22:00 horas- 23:55

1 piezas encajadas:
De vuelta, con rutina o son ella pero de vuelta...
Son necesarios estos respiros veraniegos y si el regreso lo acompañas del sonido, mejor que mejor, como bien dices.
Un abrazo, Liedchen:
Mar
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