He aprendido a ver con los oídos, con el olfato, con el gusto y con el tacto. Mis ojos no son mi mejor sentido, y últimamente todo se ve más borroso de lo normal. De hecho, las fotos que más me gustaron de ese concierto, son las que me salieron movidas. (En más de una canción, puede que estuviera con los ojos cerrados, conteniendo la respiración, y con un nudo en el estómago).
Me gustan los conciertos de Marwan, porque siento que aún, sigo viva... Porque me remueven, aunque me sepa las letras de memoria, más por verlas en internet que por escucharlas en directo, pero es lo que tiene la distancia entre mi casa y Madrí. A pesar de eso, no me canso...
La Tertulia se escucha en esencia. Sabe a Alhambra y a tarta de cumpleaños. Tiene olor a embrujo. Y te toca el corazón.
Marwan sube al escenario, y empiezan los acordes de una nueva -o medio nueva- que debió ser la única canción que no cantó todo el público, así, sin introducción, sin palabras, sólo voz y guitarra. (Es La Tertulia, sin cables, cuando se sabe si es música o arreglos -la Tertulia se escucha en esencia-)... -Era la del transistor, en una versión mejorada, en la que precisamente el transistor, ya no aparece-.
De hecho, creo que Marwan sólo consiguió que guardásemos silencio con esa canción y para escuchar con los ojos los gestos de Eve en Meninos da Rua. Impresionantes. (la Tertulia es embrujo)...
Después, vinieron las presentaciones, unas nociones sobre pronunciación (se dice Maruán), y Lucas, que esa noche acompañaba a la guitarra, y de regalo, además de alguna canción, tuvo concierto el domingo.
Cantó Carita de tonto, Ángeles, Mi Paracaídas, El Columpio, El Chandal... Canción a mi padre, El próximo Verano, Que pasa, Adolescente, Hablemos de mi, dejó a Lucas cantar su Amigo, Este corazón, No, un músico no por favor... Volvió a perderse entre el público con La dictadura de la Primavera... Por decir algo, eché de menos más chascarrillos entre canciones, más monólogos, alguna historita de las suyas...
Y aunque del repertorio me supiera todas las letras, hay algo en este chico que engancha cada vez que se sube al escenario, cada vez que entona un estribillo, cada vez que empieza con un acorde. Tiene estrella. Se lo decía a mis amigas, que se quejaban de que no paraba quieto un segundo y salía movido en las fotos: para mí, mientras canta, parece que en cualquier momento va a salir volando desde el escenario, es como si, en cada canción, lo vieras coger un poco impulso...
Por eso, en casi todas mis fotos sale borroso, y es como captar parte de esa energía, de esa magia. Borroso, como los recuerdos de los primeros años de su música, aquellos en que aún tenía un tono muy Ismael y que conservo en mi viejo ordenador. Aquellos que para mí era el chico del nombre impronunciable al que nunca conseguí ver en mis escapadas -antes eran escasas- a Madrid.
De regalo, cuando no quedaba casi nadie, una cerverza en la barra y un poco de tarta para celebrar los 30 (La Tetulia sabe a Alhambra y tarta), algunas canciones improvisadas, de Chaouen, Si te he visto de y con Fran Fernandez, un Lorena en directo casi susurrado, y algunas para acabar la noche entre risas...
Y como siempre, me quedo con ganas de otro concierto. De fotos borrosas y cinco sentidos...
